Hace
casi setenta millones de años, luego de la desaparición
de los dinosaurios, las cambiantes condiciones de la atmósfera
favorecieron el desarrollo de otras especies de seres vivos, como los
mamíferos y entre ellos, la primeras variedades de perros.
La continua evolución llevó a que, hace sesenta millones
de años atrás y durante veinte millones de años
mas, en lo que hoy es Europa y Asia, viviera el Cynodictis, considerado
por muchos estudiosos como el primer antepasado del perro actual. A partir
de allí y pasando sucesivamente por el Daphoenus, el Mesocyon,
el Cynodesmus, y el Tomarctus, se llego hace casi diez millones de años
al verdadero Canis, del cual hace unos quinientos mil años se
llegó al Canis lupus, probable arquetipo del perro doméstico.
La alianza entre el hombre y el perro puede ser fechada en una época
mucho más cercana a la nuestra. En efecto, las primeras domesticaciones
de perros se remontan a hace quince mil años. No se sabe con exactitud
cómo sucedió, pero se supone que grupos de perros salvajes
adoptaron la costumbre de vivir cerca de los asentamientos de nuestros
lejanos antepasados para alimentarse de los restos que estos dejaban.
El hombre por su parte, debió encontrar útil la presencia
de aquellos animales que, de noche, con sus ladridos, le avisaban de
la proximidad de extraños y que además le libraba de los
restos que él desechaba. Con el tiempo, quizás los perros
empezaron a seguir al hombre durante la caza para alimentarse de las
sobras luego de que éste despellejara la pieza cobrada. El hombre
entonces, también debió darse cuenta del instinto de cazador
del perro y decidió explotarlo, sirviéndose de él
para impedir la fuga de las presas. Hombre y perro muy probablemente
se descubrieron recíprocamente útiles por instinto e inconscientemente.
De ahí en adelante sin embargo, su relación debe haber
sido mucho mas conciente y programada.
El perro
hoy no se utiliza solo en la caza, se ha convertido en un compañero
incluso en los campos de batalla junto a los soldados y también
en guardián de los rebaños y las casas. Entre los tipos
mas antiguos que conocemos encontramos a los Spitz con un pelaje muy
espeso y tallas variadas.
También encontramos gracias a la selección, en ciertas
regiones, un perro de talla gigantesca, dotado de cabeza imponente, de
morro potente, corto y profundo y de huesos grandes y muy fuertes. Eran
los primeros ejemplares de tipo molosoide, dotados de una fuerza incomparable
y de un valor ilimitado, que hicieron su aparición en distintos
países de Oriente. Entre ellos se recuerda al mas antiguo mastín
del que se tiene noticia el moloso de los sumerios, y el legendario mastín
tibetano, que mucho consideran el antepasado de todos los mastines existentes
en la actualidad.
La mas antigua representación conocida de un perro de tipo mastín
es un bajorrelieve asirio que se remonta al año 4000 a.C. en el
que se representa a un soldado que tiene asido por el collar a un perro
colosal, un moloso de Epiro, que fue conocido y renombrado en todo Oriente
por sus extraordinarias dotes de fuerza, valor y ferocidad.
Hay también cinco figuritas de terracota, expuestas en el British
Museum de Londres, halladas en los yacimientos arqueológicos de
la antigua ciudad de Nínive, capital de Asiria, citada también
en la Biblia, que representan a perros con la estructura del moloso.
Alrededor del siglo VI a.C., los fenicios, navegantes instruidos y hábiles
mercaderes, habían establecido una floreciente red de rutas que
alcanzaba incluso Europa central y las islas británicas, y es
a ellos a quienes muchos reconocen el mérito de haber introducido
en Occidente a los molosos orientales.
| · LOS
COMBATES EN INGLATERRA |
|
En la actual
Inglaterra, como hemos visto, se criaba un perro colosal destinado
tanto a la caza salvaje como a la guerra y muy a menudo también
para el combate.
Estamos todavía muy lejos del bulldog tal cual hoy lo conocemos,
pero la dura vida de luchadores ha forjado en estos perros un carácter
del cual, todavía hoy, vemos las señales principales: valor,
ferocidad y potencia.
No se sabe con exactitud cuándo tuvo origen la costumbre de hacer
combatir a los perros contra toros; parece que se organizaban espectáculos
similares ya en 1133, en tiempos de Enrique II y en 1199, en la época
de Juan Sin Tierra. Sin embargo la primera noticia cierta es la de Survey
of Stamford que cuenta cómo, bajo el reinado de Juan, en 1209,
el señor de la ciudad, Lord Stamford, paseando por las murallas
de su castillo vio a dos toros que luchaban furiosamente por la conquista
de una hembra. Los perros de un carnicero, entonces, se precipitaron
sobre uno de ellos y luego de perseguirlo por las calles del pueblo,
lo alcanzaron y lo abatieron. El espectáculo gustó tanto
a Lord Stamford que hizo donación del predio donde había
tenido lugar el combate, a la congregación de carniceros, a condición
de que cada año, el día antes de las seis semanas que preceden
a la Navidad, repitiesen el combate de manera que este deporte se perpetuase.
Muy pronto dichos combates, llamados bull baiting. se hicieron famosos
en todo el Reino Unido. Entre el siglo XIII y el siglo XIX el bull baiting
se hizo popularísimo y tuvo ardientes defensores en todo tipo
de ambientes, tanto entre la nobleza como entre los desheredados. Cada
ciudad, cada pueblo, tenía cuadriláteros especiales en
los que, regularmente, se hacía combatir a perros contra toros
para placer de los espectadores que, a menudo, apostaban elevadas sumas.
Todavía hoy se pueden ver en Inglaterra plazas que, en una época
estuvieron destinadas a tales espectáculos; allí se encuentran
todavía los palos con anillas a los que el toro era atado con
una cuerda.
En Staffordshire, por ejemplo, en una localidad llamada Tutbury, hay
un predio donde estos combates se hicieron regularmente, por lo menos
durante cinco siglos. Este espectáculo cruento conquistó a
numerosos personajes ilustres de la historia inglesa, como los reyes
Jaime I, Ricardo III y Carlos I. También Isabel I era una apasionada
del bull baiting y se sabe que por ocasión de la visita de su
hermana, la reina María, hizo organizar un combate. Hay constancia
de otros mas entre los que se destaca uno en honor del embajador francés
en la corte.
Richard Brooke, un cronista de la época, cuenta que en abril de
1795, en Liverpool, se hizo un espectáculo de bull baiting en
un dique seco y a su término se vertió el agua que había
de sepultar a todo y a todos vencedores y vencidos.
El documento mas antiguo en el que aparece el término bulldog,
para denominar a los perros destinados a los combates con toros, es una
carta enviada por un tal Prestwick Eaton, de San Sebastián (España)
a George Willingham de St. Swithin´s Lane, Londres, en 1631 o 1632
en la que el remitente le pide al amigo que le envíe entre otras
cosas, dos buenos bulldog. En una carta sucesiva, Eaton agradece el primer
envío y ruega que se le manden otros dos bulldog que sean particularmente
hábiles, en el combate contra toros, sin importar su costo, ya
que tenía la intención de regalárselos a un amigo
hacia el cual tenía ciertas obligaciones.
Este término no estaba todavía en uso en el siglo XVI,
cuando se hablaba mas bien de bandogge o boldogge, mientras que el doctor
Caius en su libro Treatise on the Dog, de 1586, utiliza el término
bandogge. William Harrison en su Description of England, de 1586, propone
para interpretar este término el hecho de que aquellos perros,
a causa de su ferocidad, estaban siempre atados a una cadena. Los pareceres
discrepan sobre que bandogge o bulldog sean una misma palabra.
Es ciertamente, muy difícil remontarse a los orígenes mas
lejanos de esta raza porque probablemente, el término bulldog,
definía a todos los perros utilizados para este tipo de lucha,
pero nada hace suponer que ellos constituyeran una raza bien definida
y por lo menos en su origen, con características comunes. Es probable
que los criadores estuvieran poco interesados en la estética y
mucho mas en las dotes que hacían de estos perros unos luchadores
invencibles.
Edmond de Langley, duque de York e hijo de Eduardo III, maestro de juegos
en el reinado de Enrique IV, describe en su tratado Mayster of Game a
unos perros de tipo mastín, llamados alaunt o alaunus o alan entrenados
para la caza, el combate o la guerra.
Algunos documentos demuestran que algunos bulldog antiguos fueron exportados
a Burdeos (Francia), durante la dominación inglesa de aquella
ciudad y también a España.
El tipo de combate que vio durante siglos enfrentarse a perros y a toros,
se fue modificando con el tiempo. Si en los tiempos mas remotos el perro
debía enfrentarse y abatir al adversario en el menor tiempo posible,
después el número de perros fue aumentando y las apuestas
que siempre acompañaban al bull bating, se hacían sobre
cuál sería el primer perro que efectuaría y mantendría
un agarre firme de la cabeza del toro.
La selección a permitido obtener, a través de los siglos,
un perro de características físicas y psíquicas
excepcionales. Se consiguió así un perro de fuerza extraordinaria
en relación con su talla, cuya ferocidad era tal que le hacía
capaz de enfrentarse a cualquier adversario, independientemente de sus
dimensiones. Por su extrema combatividad, el perro parecía del
todo insensible al dolor, tanto que continuaba atacando al adversario
aunque estuviese mutilado o herido de muerte.
A propósito de eso, se cuenta que a principios del siglo XIX un
criador apostó una fuerte suma de dinero sobre la seguridad de
que su bulldog atacaría y mantendría la presa de un toro,
aunque le hubieran amputado las patas una por una. La apuesta fue aceptada
y el pobre perro superó entre atroces sufrimientos, la prueba
a la que lo destinó su cruel dueño.
El bulldog fue empleado también en combates contra otros animales
como osos, tejones, leones, asnos, monos y naturalmente, otros perros.
En un documento que se remonta al año 1050, durante el reinado
de Eduardo el confesor, se cita un pago que hicieron al conde de Norwich
y al rey que incluía entre otras cosas, un oso y seis perros preparados
para el combate con estos animales.
· EL FINAL DE LOS COMBATES - Hemos visto cómo el bull bating fue
popular en Inglaterra en los siglos pasados, pero queremos recordar que había
quien se oponía a tales exhibiciones de barbarie. Ya en 1778 el duque
de Devonshire prohibió el espectáculo que se hacía en la
ya citada Tutbury y que se repetía desde 1374. En 1802 en Workingham el
reverendo Barry, logró impedir un bull bating, que debía disputarse
según la tradición que se remontaba a 1661, con un sermón
que consiguió conmover a su auditorio.
El movimiento contrario a los combates entre perros adquirió tanta
fuerza en Inglaterra, que en 1818 un cronista escribia en el British
Field Sports que “el bulldog, consagrado exclusivamente a las mas
bárbaras e infames misiones, verdadero bribón de su especie,
no puede ser justificado con pretensiones de utilidad, humanidad o sentido
común y la total y definitiva desaparición de la raza es
una solución sumamente auspiciable”. La oposición
se hizo tan fuerte que en 1835 se llegó a la promulgación
de una ley por la cual todos los combates entre animales fueron prohibidos.
La ley no hizo que cesaran de inmediato los bárbaros espectáculos
de bull bating, que continuaron siendo organizados clandestinamente durante
un cierto tiempo. Mucho menos cesaron los combates entre perros que eran
mucho mas fáciles de organizar a escondidas de la policía.
El bulldog por consiguiente continuó la misma carrera, aunque
ahora, fuera de la ley. Ello hizo que la raza se convirtiera cada vez
mas en compañera de gente de mala vida y de bandidos, con lo que
su imagen, ya bastante descalificada se deterioró aun mas.
Se intentó utilizar al bulldog para la caza mayor, pero existían
ya para eso razas muy especializadas y apreciadas con las que el viejo
perro de combate no podía competir. Hubo quien lo empleó como
guardián de propiedades pero los perros de entonces tenían
una fuerza y una ferocidad tales que los hacía extremadamente
peligrosos. Algunos fueron destinados a la custodia de barcos que comunicaban
Inglaterra y Francia pero después de producirse varios accidentes
por la indiscriminada agresividad del bulldog, la ley prohibió también
este uso.
De hecho parecía que el destino de este perro estuviera marcado.
Solo pocos años después de la promulgación de la
ley contra los combates, hacia el año 1840, era muy difícil
encontrar un ejemplar de bulldog puro, aparte de los que estaban en manos
de algún delincuente o de los organizadores de combates clandestinos,
como Ben White o Bill George. Muy pronto, sin embargo, también
esta actividad ilegal debió cesar por falta de buenos perros y
afortunadamente, de público. 
| · EL
BULLDOG PERRO DE EXHIBICION |
|
- Todo el
patrimonio genético
que durante siglos de selección se había concentrado en el bulldog
de combate, corrió el riesgo de perderse para siempre. Por suerte, algunos
auténticos y entusiastas amantes de la raza, sobre todo gente del pueblo,
continuaron criándolos aunque para ellos ya no era remunerativo como
antes. Así el bulldog sobrevivió criado principalmente en los
suburbios de Londres, en Birmingham, Sheffield y en algún otro pequeño
centro inglés.
Pasados los años un grupo de personas de clase social mas elevada
y por lo tanto con mayor disponibilidad económica, empezó a
interesarse por la raza decidido a recuperar y relanzar a estos perros
que eran parte de la historia de Inglaterra y que, en conjunto, seguían
siendo considerados los perros nacionales, con características
típicamente inglesas. Se operó fundamentalmente sobre el
carácter, que se hizo mas inteligente sin disminuir el coraje.
El trabajo no fue fácil si se considera que, al introducir el
primer standard, se recomendaba tener al bulldog en contacto con el hombre,
que lo habría de tratar con amabilidad, de forma que no se convirtiera
en un ser peligroso. Paso a paso, sin embargo, la recuperación
de la raza llegó. Tanto es así que el bulldog pasó a
considerarse, no como perro de combate sino como perro de exhibición.
La primera exposición en la que se aceptaron bulldog fue la de
Birmingham el 3 y 4 de Diciembre de 1860. El primer bulldog que dio prestigio
a la raza fue King Dick, nacido en 1858 y propiedad de J. Lamphier ,
vencedor de la exposición de Birmingham de 1861. De este perro
descendió Crib, juzgado por un experto en la raza como “próximo
a la perfección”. King Dick fue también el primer
bulldog que llegó a campeón.
Basado en estos dos perros, Lamphier, ayudado por otros expertos, compiló el
primer standard de la raza, que fue publicado en 1861. Samuel Wickens
redactó otro standard en 1864 y después de haber obtenido
la aprobación del Bulldog Club, que se había constituido
durante aquel tiempo, se publicó en 1865 bajo el seudónimo
de Philo Kuon.
El primer bulldog inscripto en El libro de los Orígenes inglés
fue un ejemplar llamado Adamo, nacido en 1863.
El primer Bulldog Club formado en 1864 tuvo una vida breve. Algunos
años
después, en 1874, un nuevo Bulldog Club suspendió su actividad
poco después de haber sido fundado. Finalmente, el 13 de abril
de 1875 nació el Bulldog Club Incorporated, que existe todavía
hoy y es una organización influyente y bien organizada.
A cargo de este club, fue recobrado y cuidadosamente revisado, el standard
del Philo Kuon, que fue en el mismo año, publicado y hecho oficial.
Aquel standard resistió inalterable hasta 1909, cuando se añadieron
algunas modificaciones, mas que nada para eliminar errores de sintaxis
y gramática y para dar un texto mas exacto, claro y comprensible.
Además se hizo un cambio sustancial sobre el tipo de cola admitido,
con respecto al texto precedente.
Un gran número de grabados y pinturas de los siglos XVIII y XIX
muestran cómo eran los bulldog de la época, cuando todavía
eran empleados en los combates contra toros, aunque ya habían
evolucionado hacia un tipo mas ligero y ágil. Una de las mas famosas
pinturas en la historia del bulldog es la realizada en 1817 por Abram
Cooper, que representa dos ejemplares llamados Crib y Rosa. Como veremos
esta obra tuvo una gran importancia en la evolución de la raza.
Efectivamente, luego de una época en que, con el afán de
criar animales típicos, se llegó sobrepasar el umbral de
lo normal, con grave daño para la salud de los perros, los criadores
recapacitaron y escogieron como modelo, precisamente a Rosa, la hembra
reproducida en el cuadro de Cooper que mencionamos anteriormente. La
crianza entonces se orientó hacia ese tipo y en pocos años
se logró una homogeneidad de perros que, si bien no permitía
seleccionar ejemplares ágiles y veloces como eran en la época
de los combates, permitía sin embargo, tener perros capaces de
moverse con naturalidad y acompañar a sus amos sin problemas.
Abandonados por lo tanto los combates, el bulldog ha llegado hasta
nosotros con las características irrepetibles, resultantes de una selección
que ha durado siglos y aunque hoy sea un buen perro de compañía,
amigo de toda la familia y extremadamente sociable, no olvida que por
sus venas corre sangre combatiente y que, si es provocado o amenazado él,
o los seres que ama, sabe demostrar todo el valor, fuerza y resistencia
que han hecho famosa a la raza.
Criadero Kozas Bulls

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